sábado, 16 de septiembre de 2017

LOS TRASGOS




Desde donde mejor se le ve es desde la barra, el lugar más importante en un concierto. También desde el escenario, que no es cosa menor, mirando a la derecha, a la avenida de los Toreros, donde la noria. Son los dos sitios que más he frecuentado en la Caseta de los Jardinillos desde hace muchos años. Al principio no se veía, plantón fuera del recinto, pero, atraído por la música y queriendo también él asomarse al tablao, se fue estirando hasta convertirse en un árbol talludo, hermoso, un pino canónico cuya copa va tomando en las noches de feria los colores de los focos que le rebotan reflejados en los músicos de La Caseta. Mucho y bueno ha escuchado ese pino copudo, que creció para poder asomarse a la valla y ver, conforme iban haciéndose viejos él y los artistas, a Sara Montiel y a Rocío Jurado, a Julio Iglesias y a Massiel, a Rocío Dúrcal a Raphael o a Los Panchos, a los Brincos o a Ketama, a la banda municipal o a los Singuel, y a tantos y tantos que llevamos pisando ese escenario desde hace medio siglo. El próximo 17 allí estará asomado, cerrando la feria y disfrutando del violín y de los saltos de Malikian, como el pasado 14 no faltó a la actuación de Los Trasgos en ese mismo lugar. 

Aunque la otra noche, siguiendo mis costumbres, salté menos que Malikian, he tocado allí muchas más veces que él, aunque peor; más de las que puedo recordar, y siempre que me subo al escenario le echo una mirada a ese pino, tal vez el más bonito de Albacete que, aunque se ha hecho más alto que yo, debe de tener más o menos mis eneros, mis septiembres y mis ferias. No sé si él se fija en mí, que esta noche le daba la espalda aún herida, pero yo sabía que mi pino no se cantea de su sitio, que no se pierde una nota; que los fotones del sol lo alimentan por el día y que al salir la luna sobre el pincho de la feria se nutre de luces de colores y de notas musicales, partículas nada elementales que llevadas por el jazz o por el mambo trasmiten otras energías. Corpúsculos que envuelven bailes y transportan emociones, recuerdos y nostalgias, sonrisas y promesas, siempre de forma placentera y cambiante. El árbol se abona con el cariño que siempre acompaña a la música que, como todo lo mejor de la vida, sólo nace por el amor a alguien o a algo, sea persona o animal, lugar, planta o canción. Por eso luce tan hermoso.

Salimos al escenario cargados de botellas de agua para aclarar el galillo, que el whisky se deja para enturbiarlo después. También de nuestras mejores guitarras, que la ocasión lo merece y, en un tiempo que se nos hizo corto, con el buen sonido de Piti y su profesional equipo, arropados por casi dos mil personas, aforo completo en esa noche de feria, fuimos desgranando algunas de las canciones de nuestra juventud. Los Beatles, Ray Charles, Celentano, Los Shadows, Los Brincos, Lone Star, Blue Diamonds, Los Bravos, Nicola di Bari, The Animals, Spencer Davis Group o Canned Heat. En hora y media no se pudo hacer más y muchos temas quedaron en el tintero, pero fue suficiente. 

En realidad eran las mismas canciones que hace muchos años y en diferentes grupos interpretábamos, no peor que hoy, aunque sin ese maravilloso sonido e iluminados por dos peras, en bolos, verbenas y fiestas mayores y que el público, en parte los mismos entonces que ahora, arropan hoy con nostalgia y se dejan las manos aplaudiendo lo que entonces algunos tenían en menos y no seguían con tanta atención, entregados a otras urgencias y baremos.

Porque ayer, en ese familiar escenario de la Caseta de los Jardinillos, no sólo estaban los Trasgos. Este grupo ya mítico en Albacete tocaba anteanoche en nombre de todos, en nombre de una época, la de los comienzos en esta plaza de una movida musical que entonces, más que atrevida, fue temeraria. Estábamos físicamente en esa tarima miembros que somos o fuimos de Los Trasgos, Altozano, El Sol Naciente, Cristal, Los Singuel, Fácil de Recordar, Almenara, Octavio Cuarteto, Creegles, Flash Back, entre otros que no recuerdo. Mucha historia había allí encaramada, orgullosos pero sin más humos que los que en, aras del espectáculo, nos iban sulfatando, dejándonos inmunes al gorgojo de la patata, la filoxera, el picudo de la palmera y la Xylella fastidiosa del olivo, fatal para las aceitunas de Adrián. En la pista estaban los que faltan, muchos miembros de grupos de entonces y de ahora, seguro que sintiéndose cómplices y partícipes de lo que ocurría en un escenario en que ellos también tenían derecho a estar en ese momento. Y os puedo asegurar que estaban, porque algo de trasgos hay en casi todos los músicos de Albacete, aunque algunos no hayan caído en ello, que hay luces rebotadas que uno no sabe bien de dónde vienen. Allí vi a muchos veteranos músicos a tiempo parcial en la denostada verbena, la de los bailes, al borde del abismo musical al que muchos caíamos cuando tropezábamos con un bolero, en opinión de algunos. No digamos chocar con un pasodoble, traspiés que te arrojaba derecho a los infiernos, lejos del paraíso de la corrección y pureza de la música moderna. Pero había que pagar las buenas guitarras y amplis, incluso comer y echarle gasoil a la furgoneta. Cuando ya alcanzamos algo de uso de razón los tocábamos por placer, no por hacer caja. 

Hicimos nuestro trabajo anteayer, creo que dignamente, más teniendo en cuenta que Paco Arteaga y yo mismo comparecíamos disfrazados de Trasgos, cubriendo tras escasos ensayos la ausencia de Andrés, que no pudo acudir muy a su pesar. Lo siento por él pero me alegro por mí, para qué os voy a engañar. Me dio ocasión de cerrar de alguna forma un asunto pendiente, pues por Los Trasgos y por los Beatles estoy yo en esto. Escuchados unos en la plaza de toros o asomado a la barandilla exterior del Recreativo Cultural en la feria. A los Beatles en “Qué noche la de aquel día”, en el Capitol. De ahí a intentar tocar esas canciones en un palo de escoba mientras me gobernaba una guitarra e intentaba aprender a tocarla. Sueño cumplido. Un placer y un honor para mí. 

Cuando oía hablar de ellos en aquella época eran el Rana y el Aceitunero, aún no sabía que se trataba nada más y nada menos que de Juan Rosa y de Adrián. Antes de este concierto en la Caseta había disfrutado tocando con ellos en muchas ocasiones, con el pasar de los años, igual que con Luis, el Lobo, o con Luis Arteaga, el Koksila. Con Vergara, he coincidido muchas veces pero nunca hemos tocado juntos. Pero no había sido como hoy, en un sitio así, en una actuación completa, sonorizada e iluminada como es menester y de forma oficial bajo ese título.

Salimos a los focos cargados de botellines de agua y de guitarras, como venía diciendo. En mi caso sostenido el organismo más por la adrenalina que por mis huesos, pues los hombres ya se sabe que no podemos hacer dos cosas a la vez, salvo los baterías, que hacen seis o siete, y a mí o me duelen los lomos o toco. Una de dos. De forma que la recién apuntalada osamenta, — ese antepasado que llevamos dentro, en palabras de Umbral—, da una tregua que acaba cuando la música. En una de las fotos que me llegan se ven mis restos saludando agradecido al respetable, doblando las bisagras hasta donde dan, los brazos sobre los hombros de Segis y de Paco, que a los de Pascual, Rafa, Adrián o Juan no me llegaban, en gesto que quería ser de cariño por mis partes  y resultó de sostén por las suyas. La estampa poco torera y desfalleciente de un náufrago rescatado de las aguas. Después me arrastro tras las bambalinas cuidando de no tropezar con ese maldito escalón gracias al que tanto negocio han hecho los ortodoncistas a costa de artistas desavisados, dejo la botella de agua y, como primera providencia, me doy a la bebida. He de aclarar a mis biógrafos que lo hago por sus efectos antiinflamatorios y de relajante muscular más que por otra cosa, aunque no sin gusto. Desde allí seguimos la actuación de The Gafapasta, excelente grupo que nos sustituye en el escenario con canciones algo posteriores en el tiempo a las que acabábamos de tocar, temas que también habían sido nuestro repertorio en esos bolos de seis horas de pueblo en pueblo durante tantos años en la farándula.

Estaban bien surtidas las neveras de los camerinos por la organización del evento, arcones llenos de bebidas frescas al lado de esos espejos enmarcados de bombillas donde se han atusado los pelos desde Sara Montiel hasta Raphael. La primera ya hace muchos años, en otro día de feria en que Los Singuel fuimos su orquesta; Raphael el pasado día 8. Como yo ya vengo despeinado de casa no utilizo esos espejos que han reflejado los rostros de todos los mejores artistas del país y las jetas de algunos de los peores. Tras el escenario, como tras un parto, al fin cómodamente sentados, me aplico tres whiskies en las horas siguientes. Vasos de vidrio, como debe de ser aunque estemos en feria, cubitos de hielo de los que no se ven, que todo parece whisky aunque sólo contenga tres escrúpulos del brebaje, que ésta es bebida que mantiene en su espíritu el de sus fabricantes, y siempre se escancia con indebida escasez, cercana a la tacañería, aun cuando sea para uno mismo. Disfrutando de la compañía y conversación de amigos y familiares, mantenemos larga tertulia en un corro de sillas comentando la jugada entre nosotros. También estaba en ella Noé, siempre caro de ver y que entra en ese nosotros.

¿Quiénes son Los Trasgos? —se preguntará algún jovenzuelo despistado—. En cierta forma una gran parte de los músicos de Albacete tienen algo heredado de ellos, algo que agradecerles, aunque algunos no lo sepan. Ese excelente grupo, una isla en el Pacífico manchego de la época, tenía pocas posibilidades de durar. Primero por la mili, que en cuanto te descuidabas te sacaba del escenario y te metía en una garita. A mí me llevó desde el del Surco hasta la de La Coruña. Segundo por las fuertes personalidades que en ese grupo pionero se unieron, algo bueno para unas cosas y malo para otras. Hay que reconocer que para pensar en poner en aquellos años mortecinos tanta carne en ese asador, además de terco, había que ser más raro que un gato azul marino, cosa que algunos de sus miembros, los originales y los sucesivos, no han dejado de acreditar a lo largo del tiempo. No me olvido de Morgan ni de Pichi.

Hoy brillan por méritos propios grandes músicos de otros planetas en la galaxia de la música local. A otro nivel, con órbitas más amplias y armoniosas, más científicas y perfectas que las nuestras. El que crea un hacha pulimentada no debe menospreciar al primero que afiló lo mejor que supo y pudo un cacho de sílex, porque fue algo revolucionario que además cortaba bien. Cierto es que no lo hacen, salvo algún bandarra despistado y rencoroso, lógicamente no entre los mejores, cuya altura les hace innecesario levantar su merecido prestigio sobre el descrédito ajeno. Muchos son el producto final, exquisito, refinado y maravilloso anticipado por estos artesanos que, junto a otros grupos, empezaron esta aventura hace muchas lunas en Albacete, con menos medios, sin maestros y volviendo a inventar lo mejor que supieron, que supimos, algo nuevo y a la vez antiguo, creyendo, como todos, haber inventado el mundo. Y en realidad lo reinventaron.

Al terminar todo, con el corazón lleno de agradecimiento a los dioses, astros y personas que se han confabulado durante muchos años para hacer posible esta noche, ya saliendo de la Caseta y antes de buscar un taxi, última mirada de despedida al pino, ahora de cuerpo entero. Hasta otro año, hasta otra feria.

sábado, 29 de julio de 2017

Denia

    Cuando dibujé estas cosas ya tenía en la cabeza que desde la playa me tenía que ir a un quirófano a que me abrieran los lomos para lijarme el canal de varias vértebras y ponerme medio kilo de ferralla para apuntalarme el espinazo. No es que me pasara por la cabeza que ya no iba a volver por estos sitios ni por otros parecidos, pero tampoco sabía ni cuándo ni cómo, de forma que carpe diem y que nos quiten lo bailao. Cuando escribo ésto ya ha pasado todo y, después de una semana criminal, otra de aullido en aullido y dos más llevaderas, ya puedo andar, sentarme un rato largo, incluso cuando me levanto temerario ir al bar de la esquina a tomar un café. Desde aquí mi reverente agradecimiendo para los neurocirujanos Campos y Calatayud, al resto del equipo médico y enfermería de la clínica.
   Estando aún ingresado pude leer una demagógica y mezquina noticia de un periódico de Murcia en la que el plumilla se escandalizaba de los a su criterio desmesurados sueldos que percibían en la Arrixaca algunos profesionales como éstos, en realidad nada disparatados. Sigue habiendo imbéciles que valoran más un gol que la salud o la vida. O un córner que la educación de sus hijos, llegando a apreciar más un buen pase al hueco que el que un bombero los saque a cuestas del balcón en llamas. Tal vez merecerían que los dejaran allí. Una muestra más de que nuestra sociedad ha perdido el oremus, una sociedad que cree ser mejor que quienes la gobiernan, aunque cada minuto les indica de esta forma tan brillante sus prioridades.
 
    Eso sí, me moví poco. Desde esa terraza a tres metros del agua, viendo, escuchando y oliendo las olas, puede uno pasar horas y horas, delde el amanecer hata la puesta del sol, ayudado de cuando en cuando por una cerveza o un vino blanco fresco. Echarle pan a los peces y ver volar las gaviotas o regresar los barcos de pesca con prisas por ser los primeros en llegar a puerto. El ferry de Balearia lleva menos prisas, los de las piraguas ni te cuento. Casi las que llevo yo. De todas formas lo mejor es ver amanecer o ponerse el sol desde aquí, ambas cosas sobre el mar.  Buen tino tuvieron los griegos de Masalia (la actual Marsella) al sentar aquí sus reales, en su Hemeroscopeion ( Ἡμεροσκόπειον), "la que mira el día", aunque en realidad lo que querían mirar bien desde aquí era el paso de los atunes en desordenada formación para llenar su factoría y sus estómagos. Los romanos, que heredaron el negocio después de tener us más y sus menos con los cartagineses, la llamaron Dianium, dedicando el santuario de Artemis Efesia de los masaliotas a su equivalente diosa Diana. En todo caso es ciudad con más de dos mil años aunque parece recién hecha.
    Con acuarelas sobre Garzapapel o con pluma y tintas o grafito acuarelable en un bloc de Canson Mix Media de 18 x 25, vuelta una y otra vez a dibujar ese paisaje cambiante o algunos detalles del mismo, una roca, una palmera...
   Aunque, como siempre, hice muchas fotos, estos dibujos son mejores para recordar qué pensaba y sentía uno en esos momentos agradables. Aquí quedan.



miércoles, 5 de julio de 2017

Cazorla - Hornos. 2017


   De esta salida a Cazorla, con base en Hornos, los acontecimientos han llevado a retrasar su publicación en el blog. Un fin de semana en un nido de águilas, con visitas al río Borosa, al nacimiento del Segura y a otros parajes de la zona. Muchas fotos y algunos dibujos, muchos de ellos desde la terraza del Mirador donde pasamos la mayor parte del tiempo, viendo llover, tronar, amanecer, ponerse el sol, cambiar de colores y luces este paisaje majestuoso entre pinos, olivares y cultivos alrededor del embalse del _Tranco, ahora con la mitad de agua que el año pasado por estas fechas.
   Después de estos días, otros pocos en la playa, una boda en Alpera y una visita al quirófano a arreglarnos el espinazo, poniendo tornillos a algunas vértebras díscolas. Ahora recuperándonos con mucha paciencia. Pronto habrá que animarse a volver a coger pinceles y lápices aunque sea a partir de estas y otras fotos que guardamos de las últimas salidas, esperando poder pronto dibujar las cosas en su sitio.






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domingo, 4 de junio de 2017

Alpera, mayo 2017


   Volvimos a Alpera tres días. El primero para poner música a la jubilación de Rafa Soler, más que un amigo. No hay aquí espacio para contar los buenos ratos que juntos hemos pasado. Miles. Cierto es que también ha habido alguno más que malo. La vida tiene de todo y no siempre es justa. A veces es trágica. Como en las adivinanzas, en ciertos momentos lo principal no se nombra, aunque sobrevuele todo el tiempo.
   Pasamos en la celebración el hambre y la sed habituales en Alpera, hasta el punto de tener que quedarnos otros dos días para intentar acabar con las viandas y bebidas preparadas para la ocasión, intento inútil.
   El campo estaba hermosísimo, que ha nevado mucho y llovido, había flores y agua por todos sitios y recorrimos los parajes de los alrededores para hacer fotos y algún que otro dibujo, como los que se muestan aquí.

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miércoles, 10 de mayo de 2017

Elche. III Encuentro Dibujantes Urbanos


   Por segundo año hemos ido a Elche al III Encuentro de Dibujantes Urbanos, convocados por los amigos de Cuadernos Viajeros. Eso es señal de que el año pasado lo pasamos bien allí y predispone para volver el año próximo. Unos cuantos colegas de Ladrones de Cuadernos nos sumamos a esta convocatoria, Joshemari Larrañaga, Juananto, Joaquín González Dorao y yo mismo, junto con Dolça y Juan Llorens, que están en los dos grupos y viven allí. Ellos y los demás amigos de Elche, muchos y buenos, fueron excelentes anfitriones y siempre estuvieron con nosotros, llevándonos a donde no podíamos dejar de ir. A dibujar y a comer, que este oficio requiere no desatender la hidratación ni caer en el desmayo. No corrimos ninguno de esos peligros y hubo mil y una ocasiones para charlar, dibujar, tomar algo y, sobre todo, manosear los cuadernos ajenos, verdaderas joyas. Eso sí, echamos de menos la presencia de algunos compañeros de Ladrones de Cuadernos que suelen acudir a estos eventos, pero las circunstancias o la distancia no siempre lo permiten. Urumo, Oñera, Lorés, Abadía, Angels Prat, entre otros y otras, estuvieron presentes en nuestras conversaciones. También es cierto que, entre tanta gente, no llegué a coincidir con otras personas que conozco y que allí estaban. Otra vez será.


   En estas fotos vemos algunos de esos momentos, dibujando o reponiendo fuerzas en alguno de los bares pintorescos y castizos a los que nos llevaron, viendo a Juan retratando a todo lo que se movía, más si lo hacía con garbo, aunque tampoco hacía ascos a dibujar nuestros quejumbrosos organismos.
   Tanto el entorno como el clima eran propicios, y pudimos disfrutar de las terrazas, de estar siempre al aire libre y de los encantos de Elche, que no son escasos. Ya de camino empezamos a hacerlo, pasando por la playa del Pinet a comer viendo las olas y a hacer el primer dibujo para ir entrenando.
   Tras la acreditación y primeros saludos y abrazos en La Calahorra, a Juan y a Ramón, nos ponemos a dibujar que ya el entorno estaba lleno de gente cuaderno en mano. Aquí van algunos de los dibujos que hicimos estos días, aunque lo más importante fue la convivencia con los amigos, el disfrute de ver sus cuadernos, dibujar juntos, ver cómo cada uno hace cosas tan diferentes de un mismo tema y admirar las genialidades que abundan. Sería injusto nombrar solo a algunos de ellos, pues hay colegas de quien seguimos uno a uno los dibujos que hacen, como Joshemari Larrañaga o Juananto. De otros amigos, como Juan Llorens, no es frecuente tener en las manos sus dibujos, o de Joaquín Dorao que hizo el más hermoso de los cuadernos sobre Elche y de quien nos trajimos un libro sobre sus dibujos de Croacia. Ver dibujar a Juan Espallardo, algo que hay que hacer sin parpadear o te pierdes el proceso, dada su rapidez vertiginosa en dibujar retratos en papel con tinta china. Conocer a Demetrio, como Juan, artista del cómic que ha ilustrado a Tarzán, Hazañas Bélicas y muchas publicaciones principalmente en USA y en Reino Unido. O a Manolo, otro personaje de interés turístico y cultural. 
   Como digo, imposible nombrar a todos los cuadernistas que allí nos reunimos, cerca de 200, pero fue un placer encontrarse con algunas personas que conoces virtualmente de los blogs, como Lola Clement, o que te conocen por visitar el mío y aprovechan para saludarte y comentar algo sobre él, cosa que se agradece.
   Dibujamos algunos rincones de esa zona pues había tema suficiente como para no abandonarla, con sus monumentos y plazas cercanas, palmeras, iglesias y terrazas, naranjos y paseantes, con las luces y sombras de la mañana o la calidez de las luces del atardecer, con una temperatura que tras el largo invierno invita a estar en la calle hasta altas horas.

   Al final, el domingo, se cuelga una colada de dibujos, algunos de los muchos que se hicieron, pues los cuadernos pesan mucho, ocasion para volver a hacer algunos últimos apuntes del encuentro.


domingo, 30 de abril de 2017

Árboles. Texturas en acuarela I


   Pintando árboles te encuentras con el reto de conseguir de alguna forma reflejar la textura de la corteza de sus troncos y ramas, de la tierra, así como sugerir una infinidad de hojas que es poco recomendable intentar reproducir, además de imposible. Buscando y estudiando cómo otros lo han solucionado y, lo más importante, probando una y otra vez, vamos acercándonos a conseguir algunos resultados.
   En este tronco seco de un olmo de San Gregorio, en Alpera (Albacete), la textura se afronta a base de baños superpuestos y pinceladas finas siguiendo el relieve de la corteza, más que aprovechando la textura del papel o la granulación de los pigmentos, salvo en la zona de las sombras en que sí se recurre a ambas cosas.
   Un papel con grano grueso y pinceladas con el pincel bastante seco a lo largo de troncos y ramas permite sugerir la rugosidad de la corteza de esta encina, sus grietas y su aspereza.

Ampliando se ve mucho mejor.
    En la siguiente acuarela, el papel es satinado y de nuevo, baños superpuestos y trazos finos de pincel sugieren la piel de esos troncos, no demasiado rugosos. Ni siquiera se ha recurrido a pinceladas rápidas casi en seco que hubieran quedado excesivamente agresivas en este caso.


   En la siguiente acuarela, un paraje de Bienservida, en Albacete, se amplía el repertorio de recursos. Papel de grano medio, en este caso Garzapapel, pigmentos Primatek de Daniel Smith, que ya de por sí ofrecen un granulado muy evidente. Rascados en húmedo, trazos finos sugiriendo esas fibras de la corteza que se desprende del tronco, brochazos rápidos con mucho pigmento y poca agua...




   En la siguiente acuarela, otro árbol de Bienservida (Albacete). Prácticamente iguales recursos que en la anterior, incluso el mismo papel y pigmentos. Se recurre a otra técnica que no en todos los papeles funciona: rascados en seco, con un cutter o algo afilado. Al trazarlos a lo largo del tronco, siguiendo sus formas, se aporta un relieve y una textura especialmente controlable. En los árboles del fondo, una pincelada rápida, casi en seco, deja visible el grano del papel, blanco, sin pigmento. Eso añade una rugosidad muy fuerte, que queda así en las zonas de luz o que se cubre con una capa diluida bastante transparente que deje traslucir esos brillos.


   En esta acuarela de un pinar en Bienservida (Albacete), se recurre a todo lo anterior. Como el tamaño es mayor se aprecian menos en pantalla  los rascados y granulado de los pigmentos.
   Para no alargar excesivamente esta entrada, se deja para la siguiente una explicación más detallada de cada uno de estos recursos, tratando al tema con algo más de estructura y orden.